Segundas opiniones

Segundas opiniones

En medicina, pedir una segunda opinión sigue siendo un tema incómodo. Muchos pacientes sienten que hacerlo es cuestionar la competencia de su médico, o temen que la relación se deteriore. Sin embargo, buscar otra perspectiva ante un diagnóstico importante no solo es válido, es una muy buena herramienta de seguridad.

Los diagnósticos no siempre son evidentes. Hay enfermedades que se presentan de manera atípica, estudios que pueden interpretarse de distintas formas, y decisiones de tratamiento donde existen varias opciones igualmente válidas. En ese contexto, contar con la opinión de otro profesional puede confirmar un camino, abrir nuevas posibilidades o incluso corregir un error.

Pedir una segunda opinión no implica desconfianza. Implica responsabilidad, implica transparencia en la comunicación, y co-responsabilidad de tratamiento por parte de los familaires y el paciente, al solicitar una segunda opinión. Los mejores médicos no solo la aceptan, la promueven.

Recomendaciones para pacientes y familias

  • Ante un diagnóstico grave, poco claro o que implique un tratamiento irreversible, considera buscar otra opinión antes de decidir.
  • Lleva contigo todos tus estudios, resultados y notas médicas. La información completa es clave.
  • No es necesario decirle a tu médico actual que buscarás otra opinión, aunque en muchos casos puede facilitarlo.
  • Una segunda opinión que confirma el diagnóstico inicial también tiene valor ya que te da certeza.

Para los profesionales de la salud

Fomentar que el paciente busque otra opinión cuando lo necesita o cuando lo plantea, es parte de una práctica médica centrada en el paciente. No es una amenaza al vínculo médico-paciente, es una muestra de confianza en el proceso clínico.

La medicina no es exacta. Y reconocerlo es el primer paso para ejercerla con seguridad.

¿Qué tan seguido has considerado buscar o has buscado una segunda opinión médica? Cuéntanos en los comentarios.

Dr. Bernardo Rea Ruanova
Administración de Riesgos Clínicos
Grupo Mexicano de Seguros


Medicación en casa: los riesgos no terminan al salir del hospital.

Salir del hospital es un momento de alivio. Después de el nerviosismo e incertidumbre de estar hospitalizado, volver a casa parece el final del camino. Sin embargo, para muchos pacientes, es justo en ese momento cuando comienzan los riesgos más silenciosos.

Una vez en casa, el paciente y sus familiares quedan a cargo de su propio tratamiento: recordar qué tomar, a qué hora, en qué dosis y por cuánto tiempo. Suena sencillo, pero la realidad es que los errores en el manejo de medicamentos en casa son una de las causas más frecuentes de complicaciones, reingresos hospitalarios e incluso fallecimientos evitables.

Las razones de estos errores son múltiples. A veces el paciente sale del hospital con indicaciones incompletas o explicadas con demasiado tecnicismo. Otras veces, ya toma medicamentos de antes y nadie revisó si los nuevos son compatibles. También pasa que en casa hay quien "ayuda" a administrar los medicamentos sin tener la información correcta, o que el paciente simplemente olvida tomas o decide suspender el tratamiento porque "se siente mejor".

Por eso, es importante que tanto pacientes, familiares y profesionales de la salud, tomemos en cuenta algunas recomendaciones clave para este momento.

Recomendaciones para pacientes y familias

  • Antes de salir del hospital, pide que te expliquen cada medicamento: para qué es, cuánto tomar y por cuánto tiempo.
  • Lleva siempre una lista actualizada de todos los medicamentos que tomas, incluyendo los que compraste sin receta.
  • Si algo no está claro, pregunta. No salgas con dudas.
  • Nunca suspendas un medicamento sin consultarlo con tu médico, aunque te sientas mejor.

Para los profesionales de la salud

El alta médica no termina con la firma del documento. Tomarse unos minutos para revisar el esquema de medicación con el paciente y su familia puede marcar la diferencia entre una recuperación exitosa y un reingreso evitable.

La seguridad del paciente no termina en la puerta del hospital. Muchas veces, empieza ahí.

¿Has tenido alguna experiencia con confusión de medicamentos en casa, ya sea como paciente o como profesional de la salud? Cuéntanos en los comentarios.

 


Cuando el diagnóstico tarda

Cuando hablamos de seguridad del paciente, Solemos enfocarnos en errores en procedimientos o cirugías. Pero, uno de los riesgos más frecuentes y menos visibles ocurre antes de cualquier intervención: el retraso en llegar a un diagnóstico correcto.

Un diagnóstico tardío, incompleto o equivocado puede tener consecuencias graves. Enfermedades que tienen tratamiento efectivo cuando se detectan a tiempo pueden volverse irreversibles si se identifican tarde. Y esto no necesariamente ocurre por negligencia: muchas veces es el resultado de síntomas inespecíficos, sistemas de salud fragmentados, estudios sin seguimiento o simplemente falta de comunicación entre médico y paciente o entre servicios.

Las causas son variadas. En ocasiones, el paciente normaliza sus síntomas y tarda en consultar. Otras veces el médico descarta una posibilidad sin profundizar, o los resultados de laboratorio o imagen quedan sin interpretación adecuada o no se envían los resultados de manera oportuna. También ocurre que el paciente ve a varios especialistas que no se comunican entre sí, y nadie integra el cuadro completo.

Recomendaciones para pacientes y familias

  • Si un síntoma persiste o empeora, vuelve a consultar aunque te hayan dicho que "no es nada".
  • Pregunta siempre: ¿qué sigue?, ¿cuándo debo tener resultados?, ¿a quién le doy seguimiento?
  • Llevar un registro de tus síntomas, fechas y consultas puede ser muy valioso para el médico.
  • No tengas miedo de pedir una segunda opinión si algo no te convence.

Para los profesionales de la salud

Un estudio pedido y no revisado, una consulta sin seguimiento, una señal de alarma minimizada: cualquiera de estos puede ser el eslabón que retrase un diagnóstico. Crear sistemas de seguimiento y mantener una comunicación clara con el paciente son pasos concretos para reducir este riesgo.

El diagnóstico no es un momento, es un proceso. Y en ese proceso, todos tenemos un papel.

¿Has vivido o acompañado a alguien en una situación donde el diagnóstico llegó tarde? Cuéntanos en los comentarios.

Dr. Fernando Pérez Galaz **
Administración de Riesgos Clínicos
Grupo Mexicano de Seguros

Cirujano gastrobariatra en Hospital ABC Santa Fe, CDMX.


La normalización del error

En la atención médica, no todos los errores ocurren de forma repentina. Algunos se construyen poco a poco, de manera casi imperceptible, hasta convertirse en parte de la rutina.

Existe un fenómeno conocido como “normalización de la desviación”, en el que prácticas que originalmente eran incorrectas o riesgosas comienzan a aceptarse como algo habitual. No porque sean seguras, sino porque “nunca ha pasado nada”. Con el tiempo, lo que empezó como una excepción se convierte en la regla.

Esto puede ocurrir en muchos niveles. Un protocolo que no se sigue al pie de la letra, una verificación que se omite “porque siempre lo hacemos así”, un paso que se salta para ahorrar tiempo o una práctica que se adapta a la realidad del día a día. En un entorno de alta demanda, estas pequeñas desviaciones pueden parecer necesarias o incluso inevitables.

El problema es que cada una de estas decisiones va alejando al sistema de las condiciones seguras para las que fue diseñado, y las barreras se van olvidando: lo que lleva a que eventualmente el error suceda

Lo más complejo de este fenómeno es que no suele percibirse como un problema. Cuando todos hacen lo mismo, deja de parecer incorrecto. La costumbre sustituye al criterio, y la experiencia diaria termina validando prácticas que en realidad son inseguras.

Por eso, la seguridad del paciente no puede depender únicamente de la intención o la experiencia de quienes participan en la atención. Requiere una revisión constante de los procesos, una disposición a cuestionar lo que se da por hecho y una cultura que permita identificar desviaciones sin normalizarlas.

También es importante reconocer que este fenómeno no es exclusivo del personal de salud. Como pacientes, también podemos caer en la normalización: aceptar indicaciones sin entenderlas, no cuestionar cuando algo no es claro o asumir que “así funciona el sistema”.

Romper con la normalización del error implica incomodidad. Implica detenerse, cuestionar y, en ocasiones, cambiar prácticas arraigadas. Pero es precisamente ahí donde comienza la mejora.

Les pregunto, en su hospital: ¿cuántas cosas hacemos hoy en la atención médica simplemente porque “siempre se han hecho así”?

Te invitamos a reflexionar con nosotros y compartir tu experiencia en los comentarios.

Dr. Bernardo Rea Ruanova
Administración de Riesgos Clínicos
Grupo Mexicano de Seguros


Cuando la atención se retrasa: el riesgo del tiempo en medicina

En medicina, el tiempo no es un detalle: es un factor determinante. Hay situaciones en las que unos minutos pueden cambiar el pronóstico de un paciente, y otras en las que horas o días de retraso pueden marcar la diferencia entre una recuperación adecuada y una complicación grave.

Aun así, los retrasos en la atención siguen siendo una de las causas más frecuentes de eventos adversos. Estos uele ser por una combinación de factores que se van acumulando: saturación de los servicios, fallas en la comunicación, subestimación de síntomas, tiempos de espera prolongados o procesos poco eficientes.

En muchos casos, el problema comienza con algo aparentemente pequeño. Un paciente que espera más de lo habitual en urgencias, un síntoma que se interpreta como leve, un estudio que se difiere para después, una valoración que se retrasa unas horas. De manera aislada, cada uno de estos eventos puede parecer poco relevante. Pero cuando se combinan, el resultado puede ser grave.

El riesgo del tiempo en medicina no siempre es evidente. A diferencia de otros errores más visibles, los retrasos suelen ser silenciosos. No hay una acción concreta que señalar, sino una oportunidad que se perdió. Y en salud, perder tiempo muchas veces significa perder la posibilidad de intervenir a tiempo.

Esto es especialmente importante en situaciones como infartos, eventos cerebrovasculares, infecciones graves o complicaciones quirúrgicas, donde el tratamiento oportuno es clave. Pero también aplica en contextos menos evidentes, como el seguimiento de enfermedades crónicas o la atención de síntomas que evolucionan con el tiempo.

Desde la perspectiva del paciente, reconocer esto es fundamental. Saber cuándo un síntoma requiere atención inmediata, no posponer consultas importantes y buscar una segunda opinión cuando algo no evoluciona como se esperaba puede hacer una diferencia importante.

Desde el lado de los sistemas de salud, el reto es aún mayor. Reducir tiempos de espera, mejorar la comunicación entre equipos y establecer procesos más ágiles no solo mejora la experiencia del paciente, sino que también impacta directamente en su seguridad.

La seguridad del paciente no depende únicamente de hacer las cosas bien, sino de hacerlas a tiempo.

Este tema nos invita a reflexionar: ¿cuántas veces un retraso aparentemente menor puede convertirse en un problema mayor? ¿Y qué podemos hacer, desde nuestro rol, para evitarlo?

Te invitamos a compartir tu experiencia y opinión con nosotros en los comentarios.

Dr. Bernardo Rea Ruanova
Administración de Riesgos Clinicos
Grupo Mexicano de Seguros


“Casi errores” o “cuasifallas” y su relevancia en la seguridad del paciente

En seguridad del paciente solemos hablar de los eventos adversos graves, aquellos que terminan en daño importante o en desenlaces trágicos; estos son los que se escuchan, los que se reportan en las noticias y llegan a oídos de la gente. Sin embargo, existe otra categoría de situaciones mucho más frecuentes y silenciosas: los llamados “casi errores” o “cuasifallas”. Son incidentes que no llegaron a causar daño, ya sea porque alguien se dio cuenta a tiempo, porque el paciente no presentó complicaciones o simplemente por azar. El hecho de que no lleguen al paciente, nos ofrece una oportunidad única para análisis y aprendizaje, pero solo si se reportan.

Un medicamento que estuvo a punto de administrarse al paciente equivocado, una camilla que no tenía el freno ativado pero se detectó antes de mover al paciente, una dosis mal calculada que se corrigió antes de aplicarse. Estos eventos no aparecen en titulares, no llegan a demandas ni a investigaciones públicas, pero representan señales claras de que algo en el sistema puede fallar.

El problema es que muchas veces no se reportan. Existe temor a represalias, a señalamientos o a consecuencias legales. En otros casos, simplemente se minimizan: “no pasó nada”, “se resolvió”, “no vale la pena documentarlo”. Sin embargo, cada cuasifalla es una oportunidad para identificar vulnerabilidades antes de que causen daño real.

La seguridad del paciente no se construye únicamente reaccionando a tragedias, sino anticipándolas. Cuando una institución promueve una cultura en la que reportar no significa castigo, sino aprendizaje, se fortalece la prevención. Analizar estos eventos permite ajustar protocolos, mejorar comunicación y reforzar procesos. Usando una evaluación proactiva ante los riesgos, y no solo reaccionando.

También desde la perspectiva del paciente es importante comprender que los sistemas de salud son complejos y que el error humano puede existir. Lo que marca la diferencia es la capacidad de detectarlo, comunicarlo y corregirlo a tiempo.

Muchas tragedias que hoy lamentamos probablemente tuvieron antecedentes en pequeños incidentes que no se atendieron con la seriedad suficiente. Aprender de lo que casi ocurrió puede evitar que mañana se convierta en una realidad.

¿Has presenciado un “casi error” en tu entorno de salud? ¿Crees que se reportan lo suficiente? Te invitamos a compartir tu reflexión en los comentarios.

Dr. Fernando Pérez Galaz
Administración de Riesgos Clínicos
Grupo Mexicano de Seguros


Traslados intrahospitalarios y seguridad del paciente

Hace unos días leí sobre una noticia que sucedió en un hospital de Estados Unidos: un paciente de 68 años ingresó a un hospital para un reemplazo de cadera y terminó con una lesión cerebral grave tras una caída mientras era trasladado bajo anestesia, de acuerdo con una demanda. Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso nos obliga a reflexionar sobre un aspecto de la atención médica que muchas veces pasa desapercibido.

Cuando hablamos de seguridad del paciente lo que viene a la mente son los procedimientos invasivos, los medicamentos, la atención en los servicios de urgencias. Pero los riesgos existen en todo el proceso de atención, desde los registros de pacientes en el sistema, las notas, y por supuesto los traslados.

Un traslado hospitalario no es un acto menor. El paciente puede estar sedado, con movilidad limitada o sin capacidad de protegerse. Así como tener muchos cables, monitores, oxígeno o dispositivos que requieren cuidado. Participan varias personas y, si no existe claridad en los roles, es fácil que se diluya la responsabilidad. Además, muchas veces se realizan con prisa o en medio de interrupciones. La combinación de estos factores convierte al traslado en un procedimiento en sí mismo, aunque no siempre lo tratemos como tal.

La prevención de incidentes en estos momentos no depende necesariamente de tecnología sofisticada, sino de procesos claros y cultura de seguridad. Estandarizar cómo se realizan los traslados, verificar las condiciones del paciente antes de moverlo, confirmar que frenos y barandales estén asegurados, coordinar brevemente quién dirige la maniobra y quién protege las líneas o la cabeza del paciente son acciones sencillas que pueden marcar una diferencia enorme. Del mismo modo, cuando ocurre una caída o el riesgo de que exista una (como cuasi-falla), el reporte, registro y análisis es muy importante para su prevención.

A veces creemos que los eventos adversos graves ocurren por decisiones complejas o errores técnicos sofisticados, pero con frecuencia se originan en acciones cotidianas que damos por sentadas. Los traslados intrahospitalarios nos recuerdan que la seguridad del paciente también incluye los detalles, esos momentos en los que todo parece rutinario, o se consideran intervenciones que no tienen que ver con medicamentos o procedimientos.

¿En tu institución, los traslados hospitalarios se realizan bajo protocolos claros o dependen de la costumbre y la práctica individual? Te invitamos a participar con nosotros en los comentarios.

Dr. Bernardo Rea Ruanova*
Administración de riesgos clínicos
Grupo Mexicano de Seguros


La comunicación en momentos críticos.

En la atención médica existen momentos especialmente sensibles: una complicación inesperada, el deterioro de un paciente, una decisión urgente o un desenlace adverso. En esos momentos, no solo importan las acciones médicas que se toman, sino cómo se comunica lo que está ocurriendo. La forma en que se informa puede marcar diferencia en la seguridad del paciente y en la relación equipo médico-paciente/familia.

Con frecuencia, cuando algo no sale como se esperaba, la comunicación se vuelve confusa, fragmentada o tardía. El uso excesivo de lenguaje médico, los mensajes contradictorios o el silencio generan incertidumbre, angustia y desconfianza. Y aunque la prioridad clínica es atender al paciente, descuidar la comunicación también puede convertirse en un riesgo.

¿Por qué la comunicación es tan importante en momentos críticos?

Porque permite que los pacientes y sus familias comprendan la situación real, participen en las decisiones. Una mala comunicación puede provocar malentendidos, retrasos en decisiones importantes, pérdida de confianza e incluso conflictos que agravan situaciones ya difíciles.

Además, cuando la información no es clara, las familias pueden sentirse excluidas del proceso de atención, lo que incrementa la percepción de errores o negligencia, aun cuando el equipo esté actuando correctamente.

¿Qué debería ocurrir en una comunicación adecuada?

  • Información clara y honesta: adaptada al nivel de comprensión de la familia.
  • Oportunidad: informar a tiempo, no cuando la situación ya se ha agravado.
  • Coherencia: que los mensajes del equipo sean consistentes y no contradictorios.
  • Espacio para preguntas: permitir que las familias expresen dudas, miedos o inquietudes.

La comunicación debe mantenerse durante toda la evolución del paciente, especialmente cuando hay cambios clínicos relevantes.

Los profesionales de la salud tienen la responsabilidad de comunicar con empatía, claridad y respeto, incluso en escenarios complejos. Pero las familias también juegan un papel importante: preguntar, pedir aclaraciones y expresar cuando algo no se ha entendido es parte de una atención segura.

En medicina, no siempre es posible controlar los resultados, pero sí es posible cuidar el proceso. Una comunicación adecuada no elimina el dolor de una situación crítica, pero puede disminuir el sufrimiento innecesario, fortalecer la confianza y contribuir a una atención más humana y segura.

¿Cómo han sido tus experiencias de comunicación en momentos difíciles dentro del sistema de salud? Te invitamos a compartir tu experiencia con nosotros en los comentarios.

Dr. Bernardo Rea Ruanova *
Administración de riesgos clínicos
Grupo Mexicano de Seguros

* Maestria en administración de servicios de salud


Muerte de un menor tras un procedimiento médico:

Muerte de un menor tras un procedimiento médico.
Seguridad del paciente y la importancia de la comunicación

Una noticia reciente sobre una posible negligencia ha vuelto a generar debate en los medios nacionales: un niño de apenas dos años falleció luego de un procedimiento médico realizado en un hospital privado de San Pedro Garza García, Nuevo León. Los padres del menor han presentado una denuncia por presunta negligencia, y las autoridades investigan el caso para determinar si existe o no responsabilidad médica.

De acuerdo con la información difundida, el menor, con diagnóstico de estenosis pulmonar congénita, fue sometido a un procedimiento considerado “poco invasivo”. Sin embargo, horas después de la intervención falleció. Sus padres cuestionan si se les informó adecuadamente sobre los riesgos, si el procedimiento era el más apropiado y si la comunicación durante el proceso fue clara.

Este caso, doloroso por donde se le vea, nos recuerda la importancia de la seguridad del paciente, de la comunicación médico-familia y del papel que desempeñan tanto los equipos de salud como las personas que buscan atención.

¿Qué podemos aprender de este tipo de situaciones? Recordando siempre que, al analizar estos casos tan tristes, el objetivo principal debe ser aprender para que no se repitan.

  1. La información clara es un derecho: Antes de cualquier procedimiento, los profesionales de la salud deben explicar, en términos sencillos, qué se va a hacer, por qué, qué beneficios se esperan y qué riesgos existen, incluso cuando estos sean poco frecuentes.
  2. El consentimiento informado no es solo un trámite: Firmar un documento sin comprenderlo no protege a nadie. El consentimiento informado es un proceso de diálogo que permite a la familia hacer preguntas, expresar dudas y recibir respuestas claras antes de tomar una decisión.
  3. La comunicación continúa después de la intervención: Este punto es especialmente importante cuando existen complicaciones. Es fundamental comunicar de manera clara y oportuna qué ocurrió, qué se está haciendo para atender la situación, cuál es el pronóstico y cuáles serán los siguientes pasos.

No debemos olvidar que la seguridad del paciente involucra personas reales, y que las fallas en la atención tienen consecuencias humanas.

La muerte de este menor es una tragedia que nos obliga a reflexionar: ¿estamos haciendo todo lo posible para que cada intervención médica sea lo más segura posible? ¿Cómo podemos mejorar la comunicación, el consentimiento y el acompañamiento de las familias?

Te invitamos a reflexionar con nosotros y a compartir tu opinión o experiencia en los comentarios.

 

Dr. Bernardo Rea Ruanova *
Administración de riesgos clínicos
Grupo Mexicano de Seguros

  • Maestro en administración de instituciones de salud.


Una reflexión sobre seguridad del paciente hacia el cierre de 2025

Diciembre siempre invita a hacer una pausa. Mirar hacia atrás, reconocer lo vivido y preguntarnos qué podemos mejorar. En el ámbito de la salud, esto es indispensable: cada año nos deja lecciones sobre la importancia de cuidar mejor a nuestros pacientes.
En 2025 vimos cómo diferenters temas volvieron a recordarnos que la seguridad del paciente es una necesidad diaria. Tuvimos casos en medios que evidenciaron riesgos persistentes en procedimientos estéticos, especialmente en clínicas de bajo costo o con regulación débil. Hablamos de eventos graves asociados a infecciones, al uso inadecuado de insumos reutilizables y a la falta de controles suficientes. También reflexionamos sobre fallas de comunicación, entregas de guardia ineficientes, fatiga de alarmas, la complejidad de acudir con varios especialistas sin coordinación entre ellos y los riesgos que existen en el cuidado en casa después del egreso hospitalario.
Si algo quedó claro, es que los sistemas de salud no fallan por una sola causa: fallan cuando se combinan prisas, cargas de trabajo excesivas, variabilidad en procesos, falta de regulación, entre otros; y también cuando, como pacientes, no participamos activamente nuestros tratamientos y cuidados.
Este año nos recordo:
• Que ninguna intervención, por sencilla que parezca, está exenta de riesgos.
• Que la salud no debe ponerse en manos de quien no cuenta con formación, acreditación ni entornos seguros.
• Que la información clara y la comunicación efectiva pueden prevenir muchos eventos adversos.
• Que el cuidado continúa en casa, y que los pacientes y familias también necesitan herramientas para hacerlo de manera segura.
A quienes trabajan en salud —médicos, enfermeras, paramédicos, técnicos, personal administrativo, personal de limpieza, cuidadores y muchos más— gracias. La seguridad del paciente se sostiene en su compromiso diario, incluso en condiciones que no siempre son ideales.
A los pacientes y familias: su participación activa es fundamental. Hacer preguntas, confirmar indicaciones, verificar credenciales y buscar entornos seguros no solo es válido: es parte del cuidado.
La invitación para este 2026 es a que todos —profesionales, instituciones, autoridades y pacientes— asumamos un compromiso renovado con la seguridad. Que cada decisión, cada proceso y cada interacción se acerquen un poco más al estándar de cuidado que merecemos.
¿Qué aprendizajes te deja este año en materia de salud y seguridad?
¿En qué crees que deberíamos mejorar como sistema y como sociedad?
Los invitamos a compartirlo con nosotros en los comentarios.

Dr. Bernardo Rea Ruanova *
Administrador de Riesgos Clínicos
Grupo Mexicano de Seguros

* Maestría en Gestión de hospitales